Ella no lo sabe. Desconoce que estoy aquí escondido. Se va a preocupar. Mucho. Me supondrá frágil. Pero no. ¡Al contrario! Soy todo voluntad. Y feliz. Si pudiera oírme, le diría: “Mamá, estoy bien. El corazón me asustó un poquito al principio. ¡Latía tan fuerte! Pum, pum, pum… Luego me habitué a su eco. Y ahora, uf, qué maravilla, he aprendido el esfuerzo, la esperanza, la valentía, el compañerismo. Valores que ya forman parte de mi ser, que transitan por las células cual torrente generador, que impregnan con su savia mi ADN. Sí, mamá, has corrido la San Silvestre Salmantina con mi aliento secreto en tus entrañas. Seguramente habrías desistido de conocer mi existencia. Sin embargo, yo me alegro porque el trofeo que obtuve es indeleble, florece su raíz valerosa en mi hálito. Sí, soy todo voluntad. Y feliz. Tranquila mamá, nos vemos en nueve meses”.