27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ismael es mi amigo. Todo cuanto hago, él lo hace también. Si acelero, Ismael acelera; si bajo el ritmo, él lo baja. Incluso cuando caigo tiene la lealtad de caerse conmigo. Si no fuera por Ismael, habría abandonado la competición hace tiempo.
Me angustia correr. Desde niño no he podido librarme de esa sensación. Soy rápido y resistente, mi esprín es un latigazo difícil de aguantar. Pero el estómago se me encoge después de unos minutos corriendo. Empiezo a arañar la cuerda, que entonces siento como un grillete, me la quito…
Ismael pronuncia mi nombre con suavidad, luego recompone la cuerda y acelera. De ahí hasta la meta, la angustia desaparece de mi estómago. A veces llegamos los primeros y a veces no. Gracias a mi amigo, mi sombra, ya no pienso en otra cosa que en correr.