El sol comienza a ganar en altura a los edificios. La media mañana nos baña a todos con su perezoso calor invernal. A cincuenta metros la salida, alistado en el pelotón de los noveles, cargado con los miedos de la primera vez: pisar a otro, caerme, un tirón traicionero que no permita llegar a la meta.
Dan la largada. Comienzo con un trote suave. Paso la aturullante lÃnea de partida, con su música y animadores por altavoz. Por eso no estoy listo para lo que ocurre cuando dejo atrás el escenario.
Silencio. Un silencio que hace eco en los callejones. La reverberación imperceptible y acompasada de los pasos de miles de personas que van conmigo. La respiración regular. Las palabras mudas. Los pensamientos suaves y desafiantes de un domingo donde lo doy todo por superarme. Las lágrimas de sobrecogimiento.
La carrera contra uno mismo. Con uno mismo. Con los demás.