Finales de octubre. Se anuncia. Me inscribo. Este año sÃ. Cuando me amenazó la COVID lamenté mis excusas anteriores. Esta vez no seré un simple espectador del orgullo ajeno. Participaré. Correr o andar a igual. Acabar. Aunque no tengo zapatillas. Bueno, tengo, pero noto casa piedrecilla. Necesito una nuevas, y buenas. No tengo rodillas para menos. Pierdo la primera tarde en internet. Tardan cuatro dÃas, dos con recargo. Las pido y salgo a correr. No me tratan mal mis viejas zapatillas, pero mis piernas y pulmones se vengan de mi eterna pereza. Ducha y cabezazo en la almohada. Ronco. Segundo dÃa no es mejor. El tercero llegan mis zapatillas. Preciosas. Brillan. Corro sobre almohadillas, aunque me llagan. Tiritas. Crema. Ronquidos. Mucho de todo cada dÃa hasta la Sansil. Nervios. Colas. Número. Mucha gente. No me concentro. Nervios. Me preparo y miro mis zapatillas. Están sucias y descoloridas. SonrÃo y…