Estoy inquieto. Lo reconozco. Además, no me relaja ver a tantos corredores y corredoras a mà alrededor. A ellos, seguro, tampoco.
Solo tengo un deseo…, salir, correr relajado y llegar a la meta.
 Corro despacio al principio pero sin relajarme demasiado. No me preocupan los de delante, pero no dejo que me pasen. Avanzo más deprisa y cada vez me encuentro mejor. Mi ritmo mejora y mi respiración está acompasada. Quiero más. Estoy disfrutando. Sé el recorrido de memoria: Salamanca es mi ciudad, pero se disfruta de manera distinta. La gente aplaude… ¡me aplauden! ¡Te dan alas! ¡Lástima que el recorrido no sea más largo! Veo la meta y aprieto. No miro nada, sólo la pancarta a lo lejos y… corro, corro, y corro, y… ¡por fÃn, la cruzo! orgulloso. He vencido a mi angustia y ya me relajo. –
¡Pum! suena el disparo…, abro los ojos… ¡y a correr!