Aunque tenía todo en contra había llegado el día, su día.
Primero fueron las risas jocosas del público, al verla acercarse con su atuendo deportivo y esa cinta rosa en la cabeza.
Luego la densa niebla que cubría todo el margen derecho del Tormes, se iba internando en la capital salmantina y, por ende, a lo largo del recorrido.
«—De todos es sabido que la visión de las tortugas es bastante limitada, —maldecía para sus adentros».
Llevaba cien años esperando el momento. Era su primera San Silvestre. Pero …
—Tortuga, ¿dónde crees que vas? —Gritó un gato mientras daba buena cuenta a una bolsa de basura. —Las tortugas no pueden corren la San Silvestre, son muy lentas, —continuó entre risas felinas.
—Por si no lo sabes, ¡los gatos no hablan! —Sentenció orgullosa la tortuga dirigiéndose a la línea de salida.
Al llegar solo se escuchó…
—Preparados, listos, …¡ya!