Este año no habÃa habido dinero para zapatillas super-ligeras, ni para controladores de ritmo cardÃaco y las sesiones de entrenamiento se habÃan reducido a un par de dÃas al mes, señalados en el calendario como cumpleaños de compañeros de clase de los niños. Pero aquellos recuerdos fueron tomando forma en su mente. Se veÃa a sà mismo subiendo y bajando las largas escaleras hacia la oficina varias veces al dÃa, no se acordaba de la última vez que habÃa subido a un ascensor, imágenes de sus hijos aprendiendo a montar en bicicleta y él corriendo a su lado, o aquellas tardes de piscina en las que tras terminar exhaustos de nadar y correr , volvÃan a casa en bicicleta con las mochilas cargadas, habÃan sido como auténticos triatlones sin dorsal. Fue entonces, justo antes de comenzar la carrera, cuando recobro la confianza, nunca habÃa estado más en forma.