Calentó los músculos copiando los movimientos de otros participantes. No tenÃa experiencia en eso de las carreras; incluso apenas se creÃa capaz de mover las piernas con fuerza suficiente para trasladar, del punto A al punto B, los sesenta kilos de feminidad y las mil toneladas que cargaba sobre sus hombros.
Partió con el resto del grupo a recorrer los diez mil metros de la carrera. Se dio cuenta de que sà podÃa correr y, además, de que ocurrÃa algo maravilloso: atrás iban quedando las desilusiones, las tristezas, la rabia… ahora corrÃa y dejaba a los problemas absortos y perdidos a sus espaldas.
Con cada paso se alejaba más de la lÃnea de partida donde se quedó la vida que le negaba la felicidad. Lo olvidó todo, dejó todo atrás, en la lÃnea de partida… ahora corrÃa y sonreÃa… y decidÃa no detenerse nunca más.