– ¡Suerte compañero!
A mi lado, cientos de caras desconocidas. La multitud se congrega en el Paseo de San Antonio para comenzar la carrera. El cartel anunciador: La aclamada San Silvestre Salmantina. Meses atrás, la ilusión comienza a rondar nuestras cabezas. El entrenamiento se hace duro. Fuimos a comprar unas zapatillas de correr para el más pequeño, de tan solo 9 años de edad, sería la primera vez que corriera en solitario. El mayor, de 11, apuntó en el calendario del año siguiente la próxima carrera. Mi mujer corre a mi lado. La única cara conocida. Los dos cronometramos 00:00 y calentamos brazos y piernas. Pegamos nuestros dorsales.
Hoy cumplo 20 años corriendo en tu carrera, Salamanca, y aún recuerdo, cuando corro por entre tus calles, mi primer año, tan lejano, que se repite. 10 kilómetros por delante. El corazón me vuelve a palpitar. La miro. Me persigno. Un disparo.