“El mapa ha puesto agua para el fin de semana. Este dolor de reuma me está matando. No puedo, el domingo bajo al pueblo. Para la próxima me animo”.Y así cicatrizaron los años, ahogados en excusas.
Siempre contemplaban, juntos, la marea multicolor de corredores sonriendo al cruzar la Meta, desde la ventana desconchada de su cocina que mira al Paseo de San Antonio. Dejó el atletismo por una lesión y nunca quiso volver.
Se ajusta los cordones y estira. Hoy es distinto. Corre para encontrarse con ella. Desde que el cáncer se la llevó la casa es un desierto. Cada uno tiene sus motivos. Se emociona cuando entre la multitud, de la salida, un rostro conocido, más envejecido, le guiña el ojo como cuando luchaban por el campeonato de España hace treinta años. Levanta la vista; en la ventana de la cocina cree adivinar una silueta…