Echo de menos los clavos cuando la meta está cerca. Los músculos se me osifican, paralizados ante la inmediatez del fin de la carrera. A pocos metros noto como mis piernas pesan, las miro, pero el cansancio me confunde la mirada. ¡No puede ser! Estas se ven esféricas, negras, y giran a toda velocidad. De mi espalda surgen dos pequeños hierros que se cubren de un mango mientras sigo corriendo, o mejor, rodando hasta que cruzo la meta.
Me despierto, la silla de ruedas reposa junto a mi cama mientras yo me seco el sudor con el brazo, todo era un sueño. Sin embargo algo ha cambiado en mí, miro el calendario, hoy es la San Silvestre, ya no echo de menos la clavos cuando la meta está cerca, y me pregunto: ¿Y en ruedas?