27 DE DICIEMBRE DE 2026

Mi relación con la San Silvestre Salmantina es, literalmente, de amor.

En 1984, aunque me torcí el tobillo y no llegué a la meta, seduje a Rosario mientras
me inmovilizaba el pie con escayola.

Trescientos sesenta y cinco días después, ya casado con ella, corrí para celebrar el
nacimiento de Iñigo, mi primogénito.

Sin embargo, al final de la tercera edición, fui sorprendido por mi esposa junto al
verraco del puente romano, cuando besaba a Thais consolándome por no haber
ganado las veinte mil pesetas del premio.

El ochenta y siete fue el año de mi primer divorcio, mi segundo matrimonio –con
Thais–, y mi tercer lugar en el podio de la cuarta Salmantina.

No he conseguido otros podios hasta ahora, pero voy por nueve casamientos, ocho
separaciones y once hijos. Todo corriendo.

Belén, mi mujer actual, no me dejará mentir: esa carrera me inspira.