Algunos atletas tardan menos de diez segundos en hacer cien metros. Él tardó diez años en recorrer la misma distancia. Los que contemplaron la hazaña afirmaron no haber visto proeza igual. Las primeras apuestas decían que tardaría mucho más, pero fue más rápido que los pronósticos más optimistas. El premio: poder volver a correr. En cuanto cruzó los cien metros que separaban su habitación de la puerta del hospital, corrió a abrazarse a ella.