¡Pum! El sonido de miles de zapatillas golpeando el asfalto resonaba entre los ánimos del numeroso público. Vega avanzaba con paso firme, pero pronto notó algo extraño: un hombre corpulento con camiseta roja no dejaba de correr a su lado, demasiado cerca. Ella aceleraba, él la seguÃa. Ella giraba, él también. La tensión subÃa, el corazón le latÃa con fuerza y no sólo por el esfuerzo.
Trató de despistarlo desviándose entre otros corredores a lo largo de todo el recorrido pero ahà seguÃa él, pegado como una sombra. Finalmente, en el último kilómetro, Vega no pudo más y gritó:
—¡¿Qué quieres de m�!
El hombre, jadeando, contestó:
—¡Perdón! ¡Es que… estás pisando mi cordón!
Vega miró hacia abajo y, efectivamente, habÃa estado corriendo con su zapatilla enganchada a la de su perseguidor. Ambos rieron. Al cruzar la meta, se despidieron entre carcajadas, olvidando la tensión que les habÃa unido.