27 DE DICIEMBRE DE 2026

En los hogares salmantinos, tan solo los luminosos adornos navideños delatan la proximidad del fin de año. Un nuevo confinamiento ha disipado la incertidumbre, troncando la prueba en inviable. La sansil no podrá disputarse, por primera vez, tras treinta y seis años de historia. A la hora señalada, toda la ciudad apagará las luces, en señal de respeto. Las calles, silenciosas y frías, certificarán el sentido homenaje de sus ciudadanos. Solo la débil luz de las farolas sugerirá el recorrido, otrora bullicioso y desbordado por el gentío. A oscuras, tras los cristales, lágrimas de añoranza y esperanzas rotas, algunas, mucho más dolorosas de asumir. Ausencias insustituibles, pérdidas irreparables. Quizá, inesperadamente, un chispazo ensombrezca definitivamente la calle, y su resplandor deje en las retinas una maravillosa visión espectral: cientos de dorsales tapizando el trazado de la San Silvestre Salmantina, engalanando la noche y auspiciando la promesa de tiempos mejores.