27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ya en la línea de salida, aspiro una bocanada de aire que me hiela la incertidumbre.
– Vamos, abuelo, ¡que solo hemos venido a sentirnos vivos! – me dice uno de mis colegas, con una palmadita en la espalda.
Debo tener ochenta y muchos años, y mañana cumplo un año más. Desde que perdí la cuenta he recuperado la vitalidad, y un viejo amor de la juventud: la sensación de escuchar mi cuerpo.