FrÃo, piedra y verde. Salamanca es eso, pero también es calor. Son los motores de seis mil y pico personas de todas las edades, sexos y colores ronroneando en el paseo de San Antonio a la espera del pistoletazo de salida. Es la marea de obcecados atletas atreviéndose a palpar los 10 km que conforman la tradicional carrera. Sufrimiento pero también éxtasis, durante el trayecto y, especialmente, al final del mismo.
Los varones de una desgastada casa de la calle Meléndez llevan toda su vida corriendo la San Silvestre. Los Sánchez no faltan a su cita cada 27 de diciembre. Como mi padre y mi abuelo comencé desde lo sencillo y lentamente fui escalando el abecedario de los atletas: la A, la B, la C… y por fin la D. Ahora soy adulto, correré mano a mano con ellos. Vuelvo a casa, pero esta vez con más ilusión que nunca.