27 DE DICIEMBRE DE 2026

– Lo estaba consiguiendo -pensó mientras esquivaba los pies de los chiquillos que chapoteaban en los charcos. Había roto las reglas al desprenderse de la piel que debía habitar, escapando así de todas esas leyes naturales y racionales del ser humano. Huyó sabiendo que volvería pero, lejos de entristecer, saboreaba y exprimía cada instante. Nadie podría arrebatarle jamás ninguno de esos saltos, ni la caricia fría del viento sobre la piel tersa, ni la libertad que, por fin, estaba experimentando. Lejos de su inmovilidad eterna, de las miradas inquisitivas, del frío roce de la piedra sobre la que reposaba desde 1533, sintió que volaba al vivir la carrera que siempre había querido correr.
Cuentan que aquella mañana de diciembre nadie pudo encontrar la rana en la fachada de la Universidad de Salamanca.