Voy de carrera en carrera. De alguna manera, estoy cerca de los participantes y, después de tanto tiempo, aún me conmueven sus penas, alegrÃas, inquietudes…
Algunos temen no alcanzar la meta, otros, se afanan en mejorar tiempo y posición y yo, insisto en que lo importante es disfrutar el recorrido, sentir el entusiasmo, el calor de la gente.
Hoy, treinta y uno de diciembre, estoy en Salamanca. La corredora lleva el pesado dorsal de la soledad y se pregunta qué hace allÃ, susurra que es mayor, que las piernas no le responderán, que ha sido una mala idea… Otro corredor se acerca, le busca las pupilas y dice que es una bonita mañana, ella sonrÃe y… yo, espero verles cruzar juntos la lÃnea de meta… y, una vez más, sentiré que no hay nada como ser San Silvestre, ese espÃritu errante que hace latir el corazón de los corredores.