El último atleta cruza lentamente la calle. Algunos entienden que su insistencia, es una manifestación de coraje. Las voces al alentarlo hacen más nÃtido su cansancio. Antiguas sombras forman el cuerpo del abatimiento. Se santigua y cree entender que el mejor aliento es el menosprecio. Pero cuando la valentÃa dada por las palpitaciones subyuga su alma, el abrazo de un extraño detiene su compás. Un quejido largo e inhumano se deja escuchar. Lo que parece el crujir de su tórax es la única certeza de vida en la retaguardia de la carrera.