El espejo le devuelve su mirada de hastÃo, se levanta pesadamente mientras va abotonándose la blusa. Nueve y media y apenas han pasado quince minutos, parece que el tiempo se quedó pasmado; pero no, sigue corriendo como siempre.
Ella pensaba que dormÃa, veÃa cada cosa que hacÃa, revisó una cartera, saco un dinero sencillo, miro papeles como quien busca saber algo sin saber qué; pero nunca sabrá que era un huésped olvidado de si mismo, con esa virtud de no extinguirse por completo. Fue aquella muerte artificiosa que no le permitió ver su final.