Quiero ganarla mamá, insisto a mi madre adoptiva cada año antes de La San silvestre Salmantina, y no paro de entrenar hasta que consigo mantener mi mejor marca. Ya está bien chico, suele decirme el entrenador entre aplausos. Después nos cambiamos y guardo el equipo en la bolsa y las zapatillas en la taquilla. Si está cerca me dice que eso no puede ser. -Llévatelas a casa y las lavas-. No huelen, contesto agotado. Y es verdad. Voy brillando a correr, lo sabe, y no insiste.
A las nueve de la noche cuando el polideportivo cierra, mi madre biológica que trabaja aquÃ, en la limpieza, abre mi taquilla, se las lleva a su casa, las lava, y al dÃa siguiente vuelve a ponerlas junto a unos euros, los que puede, tiene poco sueldo. Mi otra madre nunca pregunta. Cosa de madres. Tengo entrenamiento y aun no las ha traÃdo.