Desde que tenÃa memoria habÃa visto la marea de corredores que salÃan en busca de la consagración y el trofeo. Supo, a partir del primer instante que ella, algún dÃa, la correrÃa.
En el momento en que le diagnosticaron el linfoma, se propuso que sólo serÃa una demora. No la anulación de su sueño.
Mientras recorre con la mirada el paseo San Antonio, se anuda los cordones de las zapatillas. Ya retiró su dorsal, su chip y su camiseta. Sabe que hoy se cumple la ilusión que la mantuvo con vida. No importa en qué lugar llegue a la meta. Ella ya recibió el mejor premio al que podÃa aspirar.