He conocido todas las formas y motivos para correr. Ser la mejor y ganar su corazón, después las carreras de obstáculos: saltar, caer, hacerse daño, hacer las paces. Le siguieron las contrarreloj para llegar a casa antes que él y tenerlo todo a su gusto. Más tarde, con los niños, del «corre que te pillo» pasamos al escondite, y a la huida para que no nos alcanzase. Finalmente encontré otras como yo, correr a relevos, ser equipo. Descubrir que, en realidad, correr es lo de menos, que no existe una meta final, que solo importan las personas que nos acompañan en el camino.