Las cuerdas flojas que usaba de niña para explorar el mundo desde lo más alto marcaron dulcemente mis carnes. Al poco tiempo empezaron a reunirse cerca mÃo cientos de personas esperando a que les obsequiara con la gracia del dÃa de caerme mientras sonreÃa sin parar. Cada vez que intentaba un ejercicio sucedÃa lo mismo. ¡QuerÃa dejar de llamar la atención por mi torpeza y poder ser una atleta seria de grande!
A pesar del cansancio siempre estuve atenta a los logros de mis Ãdolos de la pista en la tele. ¡Eran verdaderos Leónidas de Rodas modernos!
Hoy he atravesado el Puente Romano por primera vez. El regocijo soltó su rumor por las calles decoradas con grafiti de los barrios del Oeste apenas inició el dÃa. De reojo, noté un cálido resplandor divino a mis espaldas. ¡Era la diosa del sol alentándome a sentir orgullo por mi hazaña!