¡Preparados, listos, ya! La carrera empieza mientras oigo repicar las campanas salmantinas señalando el mediodía. Solo me separan diez mil metros de la gloria, en un año en que he preparado la San Silvestre como nunca con la esperanza de siempre de ganar. Concentrado en mi ritmo, paso tras paso, disfruto del bonito recorrido por la ciudad. Después de la larga espera desde la ultima edición se me hace corto, pero ya puedo vislumbrar a lo lejos la meta en el Paseo de San Antonio. Levanto la mirada y ¡solo tengo un corredor delante! Presiento que la victoria no será hoy mi destino, pero me equivoco. A diez metros de coronarse el compañero tropieza y cae. ¡Es mi oportunidad! Pero paro y le ayudo a levantarse. Por suerte está bien, pero otro competidor nos rebasa y cruza primero la linea. No importa, soy feliz. Mi mejor premio.