27 DE DICIEMBRE DE 2026

Correr la San Silvestre es de las pocas cosas que todavía seguimos compartiendo. El día amaneció tan frío como muestras últimas conversaciones, con nubes negras que amenazaban con desatar su furia sobre nuestras cabezas. Al comienzo de la carrera avanzaste como un tornado, y te perdí de vista entre la multitud. Mantuve el ritmo, y unos kilómetros más tarde, te alcancé. El cielo se había despejado, tus pasos se acompasaron a los míos y llegamos juntos a la meta. Yo con un temblor de magnitud siete, a punto de derrumbarme, y tú con los ojos inundados, derramando sobre el dorsal ávidos ríos de agua salada.
-No te preocupes, dijiste al abrazarme, solo son cuatro gotas.