FermÃn y Vicente eran dos viejos amigos cascarrabias con una vieja afición común. PresumÃan de haber participado en todas las ediciones de la San Silvestre de Salamanca. En cada una de las treinta que habÃan disputado, habÃan competido entre ellos, y siempre Vicente habÃa quedado por delante de FermÃn, quien realmente no lo terminaba de llevar bien. En cada edición pensaba “esta vez sÃâ€, pero año tras año sucedÃa siempre el mismo desenlace. Ahora, en la edición número treinta y uno, ambos ya tenÃan achaques propios de su edad, pero no dudaron en participar. La carrera entre ellos fue muy igualada, tanto que llegaron a los últimos metros emparejados. Un inoportuno tropezón dio con Vicente en el suelo. FermÃn se vio solo ante la meta, pero lejos de cruzarla, paró y le tendió la mano a Vicente. Fue entonces cuando, treinta años después, supo lo que era realmente sentirse ganador.