27 DE DICIEMBRE DE 2026

Fermín y Vicente eran dos viejos amigos cascarrabias con una vieja afición común. Presumían de haber participado en todas las ediciones de la San Silvestre de Salamanca. En cada una de las veintinueve que habían disputado, siempre habían competido entre ellos, y siempre Vicente había quedado por delante de Fermín, quien realmente no lo terminaba de llevar bien. En cada edición pensaba “esta vez sí”, pero año tras año sucedía siempre el mismo desenlace. Ahora, en la edición número treinta, ambos ya tenían achaques propios de su edad, pero no dudaron en participar. La carrera entre ellos fue muy igualada, tanto que llegaron a los últimos metros emparejados. Un inoportuno tropezón dio con Vicente en el suelo. Fermín se vio solo ante la meta, pero lejos de cruzarla, paró y le tendió la mano a Vicente. Fue entonces cuando, treinta años después, supo lo que era realmente sentirse ganador.