He sorprendido a mi propia sombra calzarse las viejas zapatillas de deporte, arrinconadas desde hace mucho tiempo. TodavÃa faltan casi dos meses para la San Silvestre y la he visto con un no sé qué de tristeza en sus ojos, sin terminar de digerir nuestro destino. Acariciaba en silencio aquella foto de 1984, cruzando la meta. Ha llovido mucho desde entonces. Me ha mirado luego con sus ojos empapados de recuerdos y yo he necesitado esconder los mÃos detrás de los párpados. Quisiera ofrecerle, una vez más, la libertad que necesita, pero no quiere separarse de mi silla de ruedas.