27 DE DICIEMBRE DE 2026

Para que yo me llamara David López o Rafa Iglesias, hubiera sido necesario un ancho espacio y un largo tiempo. Nunca me he llamado así, nunca he sido como ellos. He corrido por amor, ni más ni menos. Detrás de ella.

En ocasiones, antes de llegar al Puente Romano, ya me había sobrepasado con la facilidad de la liebre en la famosa fábula. Arrastrando mi caparazón, aceleraba cuanto podía. Era en vano, jugaba conmigo. Me iba dejando migas de pan para que no perdiera su rastro. Una vez, conseguí alcanzarla al final, junto al estanque de La Alamedilla. Era la del cuello largo: el cisne. Pero Paseo del Rollo abajo, se fue con otro pato. Mucho más rápido que yo, mucho más feo.

No desespero. Este año, de nuevo, volveré a intentarlo. Ya tengo dorsal. Me han dicho que los cuentos siempre terminan con un festín de perdices.