La receta del Doctor Collado llegó a la Farmacia con el tratamiento.
-Corra usted la San Silvestre Salmantina y se le pasarán todos los males.
La farmacéutica dudó si decirle que de eso allà no tenÃan.
-Le prepararé su fórmula magistral.
En la rebotica mezclaron trozos de zapatilla, pizcas de dorsal, onzas de sudor y un diente de prisa. El sabor final era amargo, pero nadie habÃa dicho que curarse no requiriera sacrificio. Tragaba a cucharadas soperas. Preguntaba si ya era el dÃa, con la esperanza de que al correr, irÃa dejando atrás hasta las piedras del riñón.
Salió hacia la meta casi volando. Al terminar la carrera declaró que se le habÃan pasado todos los males (los antiguos) pero que le dolÃan los huesos a rabiar. Y que no era de recibo tener que esperar un año (hasta la siguiente San Silvestre Salmantina) para tener vida.