Si viera Marta mis flamantes zapatillas de amortiguación progresiva, mi camiseta archisuperultramoderna de color pistacho y mi pantalón abierto por los laterales, no podrÃa resistirse. La tendrÃa definitivamente en el bote.
Con mis pezones y la entrepierna perfectamente rebozados con vaselina para evitar roces inoportunos, mis gafas de sol, mi cinta en la frente… estaba totalmente preparado para encontrarme con ella, pero tuvo que venir el gracioso de turno a fastidiar la fiesta. Sonó un disparo y todos empezaron a correr en estampida, como locos. No pude localizar de dónde habÃa salido la detonación y preferà tumbarme en el suelo y esperar, escuchar quizás el segundo, el tercero, quién sabe si el cuarto… no me pareció prudente hacerme el héroe en un momento como aquel, sin estar Marta delante, y con la San Silvestre a punto de comenzar.