27 DE DICIEMBRE DE 2026

Siempre llegaban, por correo interplanetario, distintos certámenes y competencias del planeta Tierra que aceptábamos gustosos como una cordial invitación. No solíamos viajar hasta que un evento nos convocó masivamente y, con deportivo entusiasmo, nos presentamos.

Llegamos hasta Salamanca, donde se corría la San Silvestre Salmantina. Allí estaban los pleyadianos que buscaban dónde estacionar la nave espacial; los sirios con sus maletas y los insectoides zoomorfos que buscaban zapatillas nuevas.

Los anunnakis y draconianos se demoraron en inscribirse; al final, los dejaron usar sus alas, en la categoría X, por aire. Les pidieron que las dorsales estuvieran siempre visibles.

Tuvimos que anotarnos, para no causar tanto espanto, en la competencia de disfraces y, aun así, no ganamos. La decepción fue cósmica.

Después, nos enteramos de que los casiopeos se habían teletransportado a la meta y nos descalificaron. ¡Siempre haciéndonos pasar vergüenza!

Al menos los humanos parecían contentos de correr entre nosotros.