27 DE DICIEMBRE DE 2026

Después de un grave accidente en coche, a Andrés le iban dar el alta. Se había pasado meses en el Hospital de la Paz de Madrid y su recuperación había sido lenta y muy dura. Aunque, al final se adaptó a la pérdida de sus piernas y a las innovadoras prótesis. Lo único que quería, era probarlas y correr en la famosa carrera de atletismo de San Silvestre de Salamanca. Desde hacía tiempo sus compañeros de trabajo le regalaron un reloj para hacer runnig, ya que era acérrimo corredor y siempre que podía se apuntaba a todas las carreras. Además, tenía la mejor marca en la federación de atletismo. Pero ahora debía volver a prepararse sí quería competir. Conocía el recorrido de 10 km entre las calles de Salamanca, porque había estudiado en la Universidad Pontificia y sus amigos le animarían mientras recorriese las calles, que tantos recuerdos le traerían.