27 DE DICIEMBRE DE 2026

El incienso flota en la iglesia, pesado como la duda que lleva en el pecho. El novio la mira embelesado desde el altar. El sacerdote abre el libro. Ella oye sus palabras: promesas, deberes, eternidades… Sus padres están felices, la niña va a sentar la cabeza, por fin, con el mejor partido que le han podido encontrar.
Cuando tiene que dar el “sí quiero”, se recoge el vestido y corre por el pasillo hacia la puerta. De repente, se encuentra corriendo en la San Silvestre Salmantina que avanza como un río de colores.
El tul del velo se le enreda en las piernas. Adelanta a decenas de corredores. Alguien le grita: “¡Vamos, novia!”. Ella ríe, casi sin aliento. En cada zancada deja caer un pedazo de miedo, de obediencia, el ramo, los tacones… Y ligera se deja llevar.
Cuando cruza la meta, grita: Sí, quiero…
Y luego añade: mi libertad.