HabÃa comenzado la noche anterior. Estaba paseando a Canelo, cuando una parejita se detuvo a su lado. La chica se agachó y dijo con voz infantil: “¡Pero qué bonito eres! ¿Estás perdido?â€
Se apresuró a regresar a casa para observarse tendidamente en el espejo. Que finalmente estuviera ocurriendo le pareció increÃble pero sensato.
El dÃa de la carrera, terminó de suceder. El cielo estaba dorado y el aire, espeso. Inusitadamente, no se miró los pies al correr. Ni a los lados. Miró al frente. Se olvidó de los otros corredores. Dejó que los ruidos la atravesaran sin crisparse. Permitió la fugacidad de toda imagen interior sobre el pasado y sobre el futuro. Puso un pie frente al otro, un pie frente al otro… y, por primera vez en su vida, llegó primera a la meta. Qué momento más curioso para volverse invisible.