27 DE DICIEMBRE DE 2026

En el kilómetro dos, su estilizada figura se perdió en la multitud anónima . Comencé a correr con energía inusitada consciente de mis alvéolos ,
y sentí el tamboril de mis latidos pujando en mi pecho.
Uno a uno, de a cinco o de a diez, fui rebasando atletas.
Un simpático alimoche me miró como azorado .
No había sudor ni fatiga; todo mi ser era vitalidad extrema.
Aún el gentío encubría su anatomía, pero bien sabía yo que aquella sudadera que había encumbrado sus ojos en el momento de la inscripción , estaría camuflada en un arco iris de indumentarias multicolores.
Seguí ignorando la taquicardia amenazante ,cuando el raudo keniata debió hacerse a un lado en la instancia final.
Abruptamente, se abrieron los postigos y un contundente haz de sol me cegó cuando mi madre trajo el desayuno , antes de la competencia .