27 DE DICIEMBRE DE 2026

No siempre hay un gemelo bueno y uno malo como nos han enseñado las películas. Carlos y Luis eran dos hermanos excepcionales. De niños llenaban sus estanterías de trofeos y medallas y, de adultos, su excelencia deportiva les otorgó una beca para estudiar en una de las mejores universidades del extranjero.
Ese año, como cada Navidad, volvían a casa y el recorrido por el patrimonio salmantino era toda una tradición. En la línea de salida, los más competitivos se desalentaban al contemplar la musculatura atlética de los hermanos y se consolaban los unos a los otros: “lo importante es participar”.
Ambos lideraron toda la carrera pero en la última vuelta, Luis tropezó. Sin dudarlo, su hermano se frenó para ayudarlo. Como siempre, cruzaron la meta juntos y, aunque esta vez ninguno de los dos subió al podio, sus padres nunca habían estado más orgullosos.