27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ayer disputé por cuarta vez la San Silvestre Salmantina. Y una vez más, me quedé a las puertas de ganar. Soy un buen corredor —he llegado a tardar menos de 36 minutos en completar el recorrido— y dicen que mi estilo es casi africano. Comencé a correr, lo confieso, por las circunstancias, o sea, por ese conductor que me destrozó la bicicleta. Cambié las dos ruedas por las dos piernas. Le cogí el gusto, me motivaba, y un amigo me animó a inscribirme en la San Silvestre. “Tienes posibilidades de ganar”, me convenció. Desde entonces, las desgracias lo han impedido. Una torcedura de tobillo a mitad de prueba, un desfallecimiento y una caída por una cáscara de plátano, en serio. Ayer, sin embargo, volaba hacia la victoria hasta que vi a ese hombre arrojarse desde el Puente de Sánchez Fabrés. Lo salvé de ahogarse y esa fue mi mejor victoria.