27 DE DICIEMBRE DE 2026

Recuerdo que fue un verano muy caluroso. El mar de Altafulla brillaba bajo el sol de Agosto. El apartamento de tus padres estaba lleno de parientes. La habitación donde nos tocaba dormir era compartida con varios tíos y primos, pero tú y yo, aunque en diferentes camas, siempre conseguíamos estar cerca el uno del otro. Al poco rato de apagar la luz los murmullos cesaban, y las respiraciones profundas nos indicaban que Morfeo empezaba a reinar en la cálida noche veraniega. Era en esos momentos cuando tu mano, como un planeta ciego que busca su órbita, buscaba la mía en la oscuridad para dormir con las manos cogidas, y estoy seguro de que, en aquel momento en que nuestras manos se encontraban, nosotros dos, éramos sólo uno.