Dicen ser cosa de varitas mágicas y hadas madrinas, de Pinochos y tarugos inertes pero no, lo juro, es fruto de miles de millones de zancadas, pura creación que las estrellas, que Dios, es la unión de toda individualidad.
Siempre estuve aquí, sin dorsal, más de treinta años ha, el último de unas Filipinas entre conchas, monacatos y megafonía. Otrora un cartel satinado en escaparates de espumillón y turrones, ayer unos megas en internet, hoy un espíritu que cobró vida al contraste de jadeos y endorfinas.
Sí, estoy vivo, espíritu amodorrado once meses que expande sus alas, tal que hoy, casi concluso el año, para aliviar sin yodo rasguños y proteger corazones sin fondo, que el infarto acecha a las buenas gentes.
Salamanca, mística, decimonónica, asistió en silencio al milagro, pasos y pasos festivos los más, a buscar la gloria los menos, soplaron su aliento para insuflarme vida propia.