Madrugada. Salgo al asfalto iluminado por las altas farolas en completa soledad. Los gatos aún no han terminado su escapada nocturna, yo empiezo la mÃa. Es una batalla personal, estaré preparado, me digo, no me daré por vencido ahora, con todo lo que ya he hecho, y acelero el ritmo. Escucho mi respiración y noto el frÃo mientras corro, estoy muy concentrado, nada ni nadie parece existir alrededor, solo el camino y mis zancadas. Sigo yo y mis piernas en la noche y me sorprendo diciéndome al rato: ¡Cómo disfruto lo que hago!. Sé que puedo superar mi mejor marca en la Salmantina, sé que los años que han pasado me lo pondrán más difÃcil, pero sobre todo sé, que estoy entrenando bien…