Siglos de historia pasan a mi alrededor el último dÃa del año. Mis zancadas me llevan hasta la Plaza Mayor, de la que quedo prendado enseguida; aunque a ella no le intereso pues me escupe por otro lado. Entristecido, continúo corriendo hasta que otra más hermosa fija sus ojos en mÃ. La catedral, a mi diestra, parece sonreÃrme mientras corro… Siento la necesidad de parar y deleitarme, pero sé que no puedo detenerme. El Toro de Salamanca muge, urgiéndome a llegar a él. A su espalda, el puente milenario, que ha soportado millones de pisadas, hoy aguantará las nuestras. Algo insignificante para él pero grandioso para mÃ. No tardo en buscar otro camino por donde cruzar el Tormes de nuevo. Sé que allá me esperan la Universidad, la Casa de las Conchas, la clerecÃa y un sinfÃn de monumentos más que guiarán mis pasos el último dÃa del año.