Corría escapando de leones, tigres, leopardos, y a veces hasta de búfalos. Siempre descalzo; él no sabía que se podía hacer de otra manera. Un día, en la cima de un collado las encontró. Así que con goma, cuero y cordones, salió a correr, sin rumbo ni límites. Tan pocos límites tenía que, tras recorrer África, Asia y Europa de este a oeste, llegó a la península. Descansó en la ciudad de las bellas panorámicas nocturnas. Se sumó a la carrera. Tal vez no pudiese parar nunca más de correr. Huyendo de leones, tigres, leopardos, y a veces hasta de búfalos.