Todo estaba listo para iniciar la carrera. El juez encargado de dar el pistoletazo para la orden de salida habÃa salido de su ataúd. Los participantes un poco pálidos, estiraban por última vez sus esqueléticas piernas con tal de no sufrir una fractura. Yo quien era uno de los pocos vivos en la carrera popular, no dudé en hacerme en la parte de adelante. Eso fue hasta que un cadáver se interpuso en mi camino. El sujeto que estaba en alto estado de putrefacción, dejaba caer gusanos sobre la pista. Su intención, era oscura, era macabra. Buscaba que los demás resbalarán al pisar las asquerosas larvas. Pero de nada le sirvió su plan, porque al final ganó un joven que habÃa muerto el dÃa anterior en un accidente de tránsito. El número que portaba en su camisa, era el mismo de la placa de la motocicleta.