El sumbido penetrante del viento; ese que te cala los huesos pero que a su vez te regresa el aliento; una y otra vez continua golpeandome las mejillas pero no lo hace con suavidad sino que al contrario parecen chicotasos pegando con gran dureza, quiero detenerme pero no es una opción ya puedo visualizar la meta pero las piernas se me llenan de plomo y los brazos se desvanecen pero mi espÃritu está intacto no tiene ni una sola pisca de cansancio asà que arrastra a mi cuerpo hasta la última lÃnea, con el aire apenas los gritos de algarabÃa de los espectadores me devuelve el aire ese que me golpeaba ahora me acaricia suavemente en señal triunfo.