27 DE DICIEMBRE DE 2026

A mi marido le encanta la San Silvestre Salmantina.
Por eso, todos los años sale de su tumba para participar en ella.
La primera vez que vino a casa, me asustó.
Pero ahora mido el tiempo en latidos de corazón, deseando verlo de nuevo.
Y a su llegada nos amamos como dos adolescentes. Después le doy su ropa de deporte y le gasto alguna broma: «corre con cuidado, no sea que resbales y te mates». Y una galerna de risas y besos azota nuestro hogar.
Tras la carrera, vamos a comer, porque el pobre se ha quedado en los huesos.
Y, al caer la tarde, nos acercamos al cementerio y allí nos despedimos hasta nuestro próximo reencuentro.
Pero anoche todo mi mundo cambió y ahora me siento feliz.
Porque sé que este año correré la «San Sil» con él.