Mi padre era un superhéroe. Porque solo con la ayuda de sus piernas, alcanzaba la velocidad de la luz. Porque tocaba el cielo con la punta de los dedos, a pesar de que no tenía alas. Porque sus músculos brillaban bajo el sol rociados por el sudor. Porque era capaz de mantener la mirada clara a pesar del inmenso esfuerzo. Porque cuando no ganaba, abrazaba sincero a sus compañeros de batalla. Porque cuando ganaba, compartía sus triunfos con cada uno de ellos.
Mi padre es un superhéroe. Porque después del accidente, aunque perdió sus pies, jamás ha perdido su amplia sonrisa. Esa sonrisa que hoy, el día en que tomo su testigo, me acompaña en la línea de salida. Ahora me abraza y me susurra muy bajito al oído: -Silvestre, tu nombre es ahora tu momento. Corre por ti y hazlo por mí. Ahora somos como Batman y Robin.