HIJO DEL VIENTO
Resoplo, torpe y desgarbado, alcanzando por poco el autobús. Imagino a Unamuno observándome desde algún balcón,
preparando su pluma para escribir una sátira sobre mi penoso y poco vigoroso esfuerzo.
Es enero, y llevado por la resolución del año nuevo, decido cambiar de vida. El Tormes será testigo de mi propósito.
Pasan los meses y con ellos, los kilómetros. El cansancio se vuelve constancia y los kilos, recuerdo. Cada amanecer es un horizonte limpio que depara un nuevo comienzo.
Diciembre llega y con él mi estreno como corredor: es el día de la San Silvestre Salmantina.
Corro, río y respiro con fuerza. No compito contra nadie, sólo disfruto de mi propio esfuerzo. Siento cómo el aire me llena de vigor y energía pura.
No gano la carrera, pero he nacido de nuevo. Ahora soy hijo del viento.